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La industria azucarera: Una fuente de riqueza en la Cuba post Castro
La problemática cubana, 50 años después de la implantación del castrismo, se ha convertido en un complejo dilema de múltiples facetas, distorsionadas todas por una ideología equivocada. Si en la Cuba actual se puede hablar de "una revolución", es por el hecho de que la élite totalitaria gobernante ha destruido todos los aliceres de la sociedad y la cultura occidental que existía en la llamada entonces "Perla de las Antillas".
Las soluciones a los problemas cubanos que afectan su sociedad van desde los aspectos económicos (fundamentales, porque el castrismo no sabe como producir bienes y servicios) pasando por problemas de infraestructura, destruida en medio siglo de disfrute indolente de lo creado por "otros" antes, además de tener que enfrentar una desidia personal generalizada en el carácter deformado de cada hombre y mujer, que ha tenido la desdicha de ser educado (deformado) en un sistema que sólo valora el mantenimiento del poder total a toda costa.
El presente trabajo pretende presentar someramente una propuesta en el terreno económico, cuando la isla finalmente se libere de la élite de poder que ha destruido la Nación cubana. Se trata de la industria azucarera, desmantelada también por el vendaval fidelista, pero que posee en los hombres y mujeres de la isla (y el exilio) una cultura de conocimiento agrícola e industrial, como ninguna otra industria entre las implantadas, "antes" o "después" en nuestro país.
Uno de los problemas graves que los cubanos tendremos que enfrentar en un futuro democrático, es pensar como mantener 11 millones de personas sin necesidad de vernos ante el triste panorama en que se encuentra Haití actualmente, donde las personas mayoritariamente viven de la caridad pública. Si no preparamos desde ahora un plan adecuando de recuperación nacional, el desastre cubano pudiera ser similar al que ahora enfrenta Haití, sin recursos naturales (petróleo) ni humanos, y sin un plan efectivo a seguir.
Cualquier plan económico para la Cuba del futuro debe contemplar aquellas áreas en las que actualmente Cuba puede producir de inmediato recursos demandados comercialmente por la comunidad mundial, de manera a no tener necesidad de depender mucho tiempo de la caridad pública internacional, como de inicio parece indispensable que suceda. Un plan de restauración económica debe iniciarse desde el día siguiente de la liberación de Cuba del yugo castrista. Algunas áreas económicas pueden explotarse desde el mismo inicio de la vida democrática, como la producción de níquel (en manos de empresas canadienses) y el turismo por ejemplo, hoy en manos de empresas españolas y donde la participación del capital estatal cubano debe hacer valer desde el primer día su independencia de estos capitales extranjeros.
Otro renglón adicional al turismo, con capacidad potencial y cultura de trabajo y conocimientos es sin dudas la industria azucarera. A diferencia del turismo y el níquel, esta es una industria donde el capital discriminatorio extranjero (como lo es el turismo en manos españolas) todavía no ha "entrado", por lo que su adecuada administración y gerencia puede organizarse desde el inicio mismo de la implantación de un gobierno provisional, que ordene y trace las nuevas líneas de desarrollo, no solamente políticas, sino también económicas (como lo sería hacer justicia con la traición que el capital español ha perpetrado con los cubanos demócratas).
Como se sabe, la "revolución" de que hablamos al inicio, ha destruido la industria azucarera; pero los hombres y mujeres que permitían al país ser el primer exportador de azúcar del mundo viven aún en nuestras ciudades y en el exilio, lo que permite proponer un plan de reactivación de la industria y la agricultura azucarera, desde el comienzo mismo del triunfo democrático.
En realidad, quedan aún en la isla muchos centrales azucareros intactos, que adecuadamente remodelados y completados con inversiones productivas, pudieran comenzar a adecuarse a un plan de inversiones para producir azúcar y sus derivados, como lo es el etanol (alcohol) y la electricidad, que hoy tienen mucha más demanda en el mercado mundial que la propia azúcar que le da origen. Sería el etanol la llave del plan sucro-alcoholero que aquí proponemos.
Toda producción debe estar respaldada por una demanda. En el caso del etanol, esta demanda provendría de los Estados Unidos. El gigante del norte está directamente envuelto en un plan energético (plan bipartidista) de manera a independizarse de los suministros del petróleo del Oriente Medio. Este plan implica el mezclar toda su gasolina con cantidades importantes de etanol, para conseguir dos objetivos: primero, cada litro de etanol que se mezcle a la gasolina, es un litro de gasolina que se dejaría importar del Oriente Medio, sea directamente, o sea en su equivalente de petróleo. Segundo, la mezcla de gasolina con etanol provocaría un efecto menos contaminante en la atmósfera, combatiendo paralelamente el calentamiento global (la combustión del etanol contamina 61% menos la atmósfera que la combustión de la gasolina).
Estados Unidos produce más de 20 mil millones de litros de etanol, derivado básicamente del maíz. Esta producción norteamericana es muy costosa y requiere subsidios importantes para su producción, por lo que no es difícil imaginar un plan norteamericano de ayuda a la Cuba democrática, que utilice una parte de la ampliación anual de los subsidios a la producción de etanol de maíz, para dedicarlos a la producción de etanol de caña de azúcar en Cuba. De esta manera EUA, sin tener que eliminar sus subsidios (y los intereses asociados) podría financiar un plan de ampliación de la mezcla de gasolina con etanol, importando de Cuba cantidades importantes de este combustible, incluso, llamando al capital privado para tales inversiones.
Con este mercado garantizado, Cuba pudiera iniciar de inmediato un plan de producir etanol, azúcar y electricidad en sus instalaciones actuales y proyectar un plan de ampliación de la producción de etanol en nuevas fábricas sucro-alcoholeras, que también producirían energía eléctrica usando el bagazo de caña. Brasil, país donde vivo, tiene toda la tecnología asociada a un plan de este tipo. Basta decir que, con similares índices productivos que en Brasil (la Cuba republicana siempre estuvo por delante de Brasil en índices) la isla pudiera iniciar un plan de producción de etanol y electricidad de varias etapas, que incluyen la instalación de destilería en los lugares donde antes había un central azucarero destruido por la "revolución".
Entre los centrales actualmente en operación (que deben ser remodelados) y la instalación de nuevas destilerías de etanol de caña de azúcar, la isla puede producir a corto plano una mezcla de dos mil millones de litros de etanol (10% de lo que EUA produce hoy) exportados por valores del orden de los 1,500 millones de dólares. Unos dos millones de toneladas de azúcar, buenas para el abastecimiento interno y alguna exportación esporádica, por valor de unos 800 millones de dólares. Más mil Mega Watts de energía eléctrica durante buena parte del año, con ahorro de 670 mil toneladas de petróleo, valoradas en 350 millones de dólares (en una Cuba sin petróleo y sin dinero para comprarlo). Estas ventas totalizan, a precios actuales, unos 2,650 millones de dólares por año y sus valores crecerían con los precios internacionales del petróleo.
Creando valores del orden de los 2,650 millones de dólares con producciones autóctonas, comercializables fácilmente, la economía cubana sería inyectada con una fuerza que, sumada a las entradas netas de dólares por conceptos del turismo y el níquel, ambas produciendo valores similares a los del plan sucro-alcoholero, producirían el necesario efecto multiplicador que supone la construcción de viviendas, el comercio, la producción agrícola no cañera y las industrias asociadas a estos ejes productivos, creando una sólida base de desarrollo. La ventaja del plan sucro alcoholero, además de sus producciones, es la gran capacidad de crear empleo en gran escala, en una amplia gama de especialistas y oficios diversos.
Cuba produciría así, en su industria sucro-alcoholera remodelada, una tercera parte de la electricidad que actualmente consume la isla, sin quemar una sola gota de petróleo combustible. Como se sabe, la dependencia petrolera de la isla (primero de la URSS y ahora de Chávez) ha sido el "talón de Aquiles" de la isla. La producción de electricidad con bagazo, ya justificaría un plan como el propuesto, permitiendo un desarrollo social más acelerado, ya que esa producción eléctrica es muy barata, como lo demuestran las instalaciones brasileñas.
Un plan de este tipo pudiera llevarse a cabo invirtiendo unos 10 mil millones de dólares en la industria sucro-alcoholera cubana, con una taxa de retorno bruto inferior a los 4 años. La tierra cultivable necesaria para un plan de este tipo ya existe en la isla. Independientemente de que ha sido política del gobierno de Raúl Castro distribuir tierras en usufructo, el fracaso del plan ha dejado cientos de miles de hectáreas disponibles, que se organizarían como productores de la materia prima necesaria para un plan así, generando empleo y renda adicionalmente.
El plan sucro-alcoholero produciría cientos de miles de puestos de trabajo remunerados en dólares desde el inicio, incentivaría la industria mecánica, la agricultura, el trasporte e irrigaría con mucha capilaridad una buena parte de la sociedad cubana, empleando todo tipo de mano de obra, desde ingenieros, investigadores y técnicos, hasta los cortadores de caña, todos con salarios en dólares. Producir etanol así, equivale a producir gasolina y electricidad, en una cadena productiva de cientos de miles de personas trabajando coordinadamente.
En resumen, un plan sucro-alcoholero en la Cuba democrática podría, desde el mismo inicio del proceso democrático, comenzar con las inversiones para la producción de etanol, azúcar y electricidad, cuya tecnología ya está en funcionamiento en Brasil desde hace muchos años. También inicialmente, dependiendo de las condiciones de los centrales existentes y en operación, pudiera comenzar a producirse cantidades limitadas de estos tres productos, que en cinco años llegaría a producir los volúmenes planificados en un proceso inversionista de igual tiempo, dando trabajo de inicio en la construcción y montaje de las fábricas a cientos de miles de técnicos calificados para el trabajo de remodelar la nueva industria azucarera cubana.
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